Parque José L Damas. UCV - Facultad de Agronomía

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miércoles, 23 de mayo de 2018

EL VERDUGO NO PIDE CLEMENCIA; PERO, ALGUNAS VECES LA DA

Ing° Agr° Douglas Figueroa C
Los siguientes hechos, ocurridos durante nuestra permanencia en Facultad, lamentablemente demuestran que la época de oprobio no había terminado en Venezuela con la caída de la dictadura y que tales actos no solo los aplicaban algunos grupos policiales, que eran considerados como nefastos; sino que, lo más grave, es que en el hecho, aquí relatado, el protagonista fue un profesor de la Facultad, quien un día viernes para sábado a las 3 am, en un área externa de la universidad ubicada en el punto de encuentro de la vías que vienen de El Milagro, El Limón, y La Fuente, respectivamente, y la entrada de la Facultad, es decir fuera del recinto universitario. 

En dicho punto, fuimos casi atropellados por un vehículo conducido por el profesor, cuatro estudiantes, en el cual nos encontrábamos Jesús Pérez Pérez y el suscrito. Ante este hecho de violencia, evitado por nosotros, y ante esta situación de ira generada por el interfecto profesor, sin ninguna coordinación y no en forma de solista ni dúo ni trio sino en cuarteto, emitimos una expresión de protesta, recordándole la progenitora al agresor, quien se dirigió a la residencia y dio instrucciones a los vigilantes que tomara nota de los bachilleres que estaban llegando en ese momento a la residencia. El día lunes, era vox populi que unos bachilleres iban ser expulsados de la Facultad por haberle recordado la progenitora a un profesor que casi los mata con su vehículo en horario no docente y fuera del recinto universitario. Tal situación constituía un oprobio para nosotros porque el profesor estaba usando su jerarquía para causar un deshonor, por cuanto la decisión de expulsión no estaba ajustada a derecho, porque no cumplía con los requisitos mínimos del derecho los cuales son: la costumbre, la lógica y la justicia. 

Afortunadamente, momentos previos al inicio de la reunión del Concejo de la Facultad se eliminó de la agenda del día el punto que solicitaba nuestra expulsión, gracias a la participación de algunos profesores y a la valiosa participación de nuestro delegado al Centro de Estudiantes en el Concejo de la Facultad nuestro colega, Héctor Herrera

Un Breve Recuento de un Emigrante Viejillo

Ing° Agr° Ariel Alvarez C

Cuando decidí salir de Venezuela, mi país, la región donde había nacido y desarrollado casi todas mis querencias, lo hice por dos razones: en primer lugar, dado que catalogaba al gobierno como de comportamiento idiota en el sentido de que teniendo el poder y los recursos de que disponía, actuaba como borracho, sin acertar un rumbo definido, cosa que le hice saber al galáctico mediante una misiva oportuna; y, en segundo lugar, porque mis actividades agropecuarias chocaban con mis convicciones de salud y bienestar; o sea, dicho claramente, que a través de mucho estudiar y experimentar conmigo mismo, llegue a la conclusión de que la mejor forma de preservar la salud y el bienestar era asumiendo que por naturaleza somos vegetarianos. Venezuela para mí, luego de muchos viajes y vivencias, no es más que un gentilicio ligado a una especie de cultura o comportamiento, deformada por la abundancia petrolera; de ver la vida, las fronteras son las que un día el imperio español decidió para la llamada capitanía general y eso de la pequeña Venecia no es más que una hipocresía ya que en castellano la terminación "zuela" no es más que un simple despectivo. ¡Abajo el patrioterismo! 

Para seguir el cuento, me era imposible continuar la vida en las regiones donde había nacido y se me planteó la posibilidad de ir a España, Europa, la cual ya había explorado como estudiante en Francia y, como ciclista itinerante, en el resto de los países en mi estupendo viaje a la India para verificar mis conocimientos de yoga y observar de cerca el origen de las religiones y de gran parte de la cultura europea. Bueno, llego a España, específicamente a Galicia, tierra de los más denotados extraterrestres, como les dicen... Cuando un gallego va por una escalera, nadie sabe si sube o baja... Cual no es mi sorpresa cuando comienzo a conseguir gente de carácter idéntico al que había dejado en Venezuela; vocablos que oí a campesinos, a quienes tildamos de ignorantes, cuando lo que hablan es un gallego ancestral de varios siglos congelado en las soledades de los campos venezolanos. En los primeros meses, hago las gestiones para homologar mi Titulo UCVista, cosa extremadamente difícil, ¡¡¡además de que era viejo...y ahora más!!!... ya que con la edad de jubilación era casi imposible lograr algún trabajo. Recuerdo mi titulación francesa y me topo que, aun estando en Europa, aún no hay convenio con Francia al respecto. Recuerdo lo que mi mujer dice: “España es más África que Europa...salvo Cataluña”. Total, en tales circunstancias, cobrando una pensión mínima de Venezuela, que fue suspendida en el 2016, nos bandeamos para los gastos mínimos...Entonces, se me ocurre ponerme a dar clases de velerismo, que había sido mi gran pasión en las épocas difíciles de un adeco en el gobierno de Luis Herrera Campins, y me dedico unos años a ello, con lo que me ganaba unos cuantos "duros" o como decimos en venezolano:"churupos" que nos ayudaba a continuar la vida; paralelamente logro un puesto como profesor de yoga y de chi kung en un centro deportivo donde hay piscinas y gimnasio en el que permanecí unos 8 años, con una cierta estabilidad que hasta me permitió comenzar a practicar el maravilloso y denotado juego que es el golf. 

En un momento determinado, dadas las características esclavistas de los españoles, acentuadas en Galicia, debí dar por concluida mi pasantía en el centro de clases de yoga y decido jubilarme, había estado durante 8 años cotizando a la seguridad social española, en calidad de autónomo, y recibo una modesta pensión que os nos permite vivir decentemente; claro, con ayudas adicionales del ayuntamiento. Por los momentos, tengo un sitio donde continúo dando clases de yoga y Chi kung que espero haga hasta que me muera.